La utilizamos para hacer sopas y potajes, para caldos que dan sabor a nuestros guisos, para cocer pastas, arroces, verduras y legumbres, para hacer panes y otras masas, para poner cosas a remojo con el fin de hidratarlas o desalarlas, para preparar café e infusiones,… y un largo etcétera.

El agua, es uno de los ingredientes más utilizados a la hora de cocinar.

La utilizamos para hacer sopas y potajes, para caldos que dan sabor a nuestros guisos, para cocer pastas, arroces, verduras y legumbres, para hacer panes y otras masas, para poner cosas a remojo con el fin de hidratarlas o desalarlas, para preparar café e infusiones,… y un largo etcétera.

En definitiva, el agua juega un papel importantísimo a la hora de cocinar y, como sucede con cualquier otro ingrediente, de su calidad depende el éxito final de la receta que vayamos a preparar.

Y es que, aún tratándose siempre de H2O, lo cierto es que dependiendo de dónde nos encontremos geográficamente, el agua que sale al abrir el grifo puede tener características muy distintas que se deben principalmente al tipo y a la concentración de las sales minerales disueltas en ella.

De todos los parámetros que definen la calidad de las aguas aptas para el consumo humano, el que más nos interesa si hablamos de cocina es la dureza.

Seguro que más de una vez habéis visto en los paquetes de legumbres una tabla que muestra los tiempos de cocción necesarios para aguas duras y blandas y seguro que os habéis preguntado si el agua que sale por vuestro grifo es de uno u otro tipo, o la típica situación de que viviendo, por ejemplo, en Almería, habéis seguido todos los pasos de aquella receta deliciosa que probásteis en casa de vuestros amigos madrileños y el resultado nada tiene que ver.

Así que hoy en nuestro blog vamos a hablar con todo lujo de detalles sobre la dureza del agua y cómo nos afecta en la cocina.

¿Qué es la dureza del agua?

Desde un punto de vista hidroquímico, la dureza o Grado hidrotimétrico es la cantidad de sales disueltas de calcio y magnesio que contiene un agua.

El término “dureza” se originó en el uso doméstico del agua para cocinar y para el lavado, pues algunas aguas resultaban “duras” para lavar porque el jabón apenas hacía espuma en ellas y porque la cocción de determinados alimentos era mucho más difícil.

De hecho, uno de los primeros tests que se emplearon para conocer la dureza de un agua fue precisamente la capacidad de formar espuma utilizando una solución estándar de jabón.

Las unidades que más se utilizan para medir la dureza del agua son los mg/l de CaCO3 o los grados franceses (ºF), siendo la equivalencia entre ambos 1ºF = 10 mg/l de CaCO3. En función de estos valores las aguas se clasifican en:

Blandas y muy blandas (0 – 15 ºF)
Semiblandas (15 – 20 ºF)
Duras (20 – 40 ºF)
Muy duras (40 – 55 ºF)
Extremadamente duras (> 55 ºF)

¿Cómo sé si donde vivo el agua es dura o blanda?

La manera más fiable de conocer con precisión cuál es la dureza del agua que sale de nuestro grifo es consultárselo a la compañía que nos la suministra, aunque existen mapas y tablas en las que se muestran los valores de dureza del agua correspondientes a as capitales de provincia.